Adiós Dinamarca, adiós

25 Jun

Acabo de entrar en casa, de subir esas agradables escaleras por última vez. Vengo de dejar mi bici, la última pertenencia que me quedaba en este país. La bici la he dejado en el mismo lugar que la encontré una noche de agosto, tirada en el suelo, sucia, vieja y sin candado. Yo la recogí y me la llevé. La limpié y la reparé, y disfruté de ella durante todos estos meses, siendo elemento esencial siempre. Diez meses después de aquella noche  ya ha llegado el final del erasmus y me voy. Tras algunas dudas decidí dejarla allá donde la había encontrado, en el mismo lugar y sin candado. Allí está para el próximo que la encuentre y la pueda disfrutar.

La he dejado en aquella esquina tras el último paseo por la ciudad mientras iba amaneciendo. Volvía de despedir a los últimos amigos que quedan por aquí. La mayoría ya se han ido, estos últimos días han sido extraños sin ellos. Y aunque aún quedan algunos la situación ya había cambiado, la sensación de saber que esto terminaba ya había prendido.

Ahora llego a casa, una casa completamente limpia y ordenada casi casi como el día en que llegamos, tras unas cuantas horas pasando el trapo por todos los rincones y llenando el contenedor del patio de todos los enseres que habíamos acumulado, eliminando todas las marcas de nuestro paso por aquí. Una casa que ya no es la mía, que es una casa cualquiera sin el color que antes tenía, sin el sonido que antes tenía, sin la vida que antes tenía.

Mi habitación recogida y todo metido en la mochila para iniciar el regreso con todas mis cosas en la espalda.

La claridad ilumina la calle perfectamente, la última no-noche después de tantas. En poco más de una hora cogeré el autobús para salir de Dinamarca, para iniciar el regreso. Y aprovecho mis últimas horas en Dinamarca para escribir la última entrada desde este país en el que dentro de poco ya no me quedará nada. Ni bicicleta, ni toda la gente que ha hecho esto especial, ni mi casa, ni mis cosas. Nada más que el recuerdo.

El recuerdo es lo que habrá que mantener. Y puestos recordar, recordar las sensaciones que he tenido, los convencimientos que me ha dado la perspectiva de la distancia. Abrir la mente, saber que si uno quiere puede, no apalancarse jamás y poder estar encantado de conocerse. Porque lo peor que podía pasar es olvidar estas sensaciones, y todas las experiencias que aquí he ido anotando y que me han ido cambiando.

Adiós Dinamarca, adiós. Ha llegado el momento de salir, de terminar esta etapa. Consciente de que este tiempo nunca más se repetía, porque esto se ha dado en unas circunstancias determinadas que han hecho de una concreta alineación de personas, lugares, momentos y sensaciones el mejor de los tiempos posibles. Y eso es lo que yo me llevo.