Archivo | julio, 2011

La última entrada o el camino que nunca volveré a pisar

22 Jul

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;

Todo llega y todo pasa. El Erasmus llegó, lo viví y pasó. Ya ha pasado. Durante un lento tiempo fue el futuro, durante intensos meses había sido el presente y por lo que me queda será el pasado.

 

Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

He necesitado unas semanas para encontrarme, para situarme. En un lugar que no es nuevo, pero en el que yo ya no soy el de antes. Recuerdo que un buen amigo me dijo cuando nos despedimos el verano pasado que el Víctor Pons que vendría iba a ser diferente del que se iba. Y así ha sido. Por ello, he necesitado algunas semanas para empezar a situarme en este lugar ya conocido. Han sido tres semanas de silencio en este blog, donde antes casi todo quedó escrito.

Tres semanas de silencio para escucharme, después de tanto alboroto. En estas semanas ha habido un regreso por Europa del Este, bajando de latitud poco a poco, pasando del Erasmus al Couch Surfing, y con una genial compañera de mini bus, trenes, sofás y travesías. Alguien muy especial. Más de tres semanas donde ha habido reencuentros esperados. Más de tres semanas con mis silencios y sus horas muertas. Más de tres semanas donde he dejado de escribir -porque ya escribí mucho- y he hablado con muchos que hacía tiempo que no lo hacía. Más de tres semanas para encontrarme. Más de tres semanas para situarme, y para encontrar la forma de despedirme de este lugar, de este espacio que me ha acompañado en todos estos meses.

Acaba el erasmus, acaba un recorrido, pero el camino sigue. Acaba un tiempo en un lugar, Dinanarca, pero sigue en espacios conocidos y en otros por descubrir. También acaba este blog. Lo creé para contar todo lo que pasaba en mi experiencia por el norte, para reflexionar sobre los descubrimientos y las contradicciones, pero ahora ese tiempo se ha acabado y no tendría sentido mantenerlo. No es dejar de andar mi camino, es dejar de escribirlo aquí. La página siguiente está en blanco y el camino por andar, pero con una cabeza más abierta, con unas pies más andados, con unos ojos que han visto más. Y ver es haber visto.

 

Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

De todo lo que me ha pasado casualidad ninguna. Todo impulso de la curiosidad. Todo inquietudes.  Todo trabajo. Todo preguntas. Y muchas respuestas, pero todavía hay otras por encontrar. Quizá el mejor descubrimiento que hice fue darme cuenta de que uno mismo también es capaz de encontrar las respuestas, las propias respuestas.

Vivimos para aprender y aprendemos mientras crecemos, y yo lo he hecho en este tiempo. Decía que el Erasmus ya para siempre será pasado, pero un pasado que condiciona el futuro. Porque lo lo vivido y lo aprendido deja huella.

El camino lo fui escribiendo día a día. Dando respuesta cada día a todas mis inquietudes. No tenía un destino marcado, más que éste, el de poder escribir en una noche de julio que todo esto ha servido, que lo he vivido, que he crecido, que estoy contento, que he aprovechado el tiempo, que he disfrutado, que ha valido la pena.

Poder decir que Dinamarca es algo más que ese país perdido por el norte, que Copenhague no mola para turistas, pero es fascinante para ciudadanos, que he vivido en pisos de estudiantes y he compartido hasta los pensamientos, que me he aburrido de la nieve a la puerta de casa, que puedo escribir ensayos y tener una conversación en inglés, que ya he tenido un trabajo remunerado, que los días perdieron su nombre, que he apreciado la música, que por un momento -pero un momento, al fin y al cabo- dejé de ser planificado, que he sentido la soledad, y la oscuridad del día y la felicidad al ver el sol tras días seguidos de nubes, que me he bañado en el mar del norte, y en el Canal de Copenhague, que atravesé Escandinavia en furgoneta, que me indigné a miles de kilómetros de las plazas de España, que superé todos los líos de papeles y documentación de las oficinas de las universidades, que lo de las fiestas erasmus a mi ya no me lo cuentan, que la Calsberg pasó a ser la bebida habitual, que tuve una cocina con fujitsu, que tengo amigos por media Europa y más allá de oriente.

 

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Todo esto ha sido sólo el principio. El principio de un todo. Y lo de hoy es el fin, pero sólo el fin del principio.