De tasas, impuestos y otras cifras astronómicas

1 Jun

Al poco de levantarme he recordado que hoy era el día en que llegaba mi primer sueldo (ya no trabajo, pero los pagos van con retraso). Me he puesto las botas y he ido al banco a ver que novedades había en mi vacía cuenta.

Cuando he impreso el justificante mis ojos han saltado, lo que había anotado no correspondía ni a la mitad de lo que debía recibir según las horas trabajadas. He entrado a la oficina, a comprobar que los números que había no eran equivocados, y la confirmación de la empleada no ha hecho más que asegurar mis peores pensamientos.

En mi mente sólo cabían dos opciones: o había un fallo garrafal en los pagos o me habían cobrado aquella mesa de cristal inmensa que me cargué en el último momento, justo antes de terminar mi último día de trabajo. He llamado al jefe y me ha dicho que el había pagado lo que correspondía, que si tenía alguna duda fuera a su oficina. Y así lo he hecho, he cogido la bicicleta y me he cruzado la ciudad hasta llegar de nuevo al hotel, buscando escusas y justificaciones para rogar que no me cobrasen la mesa que se me resbaló.

Al entrar a su despacho y verme con la cara de desesperación rápidamente ha dicho: “lo he estado revisando y no es cosa nuestra, lo que te han quitado es cuestión de Hacienda”. En primer lugar he sentido un alivio, pero pronto me he dado cuenta que esto se complicaba, pues ahora dependía de las tasas y los impuestos oficiales de Dinamarca y no de la mano ancha del jefe. Me ha explicado lo que había pasado: me habían cobrado el 55% de impuestos de todo el sueldo y él decía no entender por qué normalmente sólo cobran un 55% de una parte del sueldo (de acuerdo a las condiciones de cada ciudadano) y  a mi me lo habían cobrado sobre todo el sueldo, pero tenía que solucionarlo con la Oficina de Impuestos.

Me ha señalado el camino y he seguido rumbo al sur en búsqueda de aquella oficina, perdido por polígonos industriales y preguntando a unos y otros hasta que un amable cartero ha dado con la dirección adecuada. Al entrar en las oficinas -aquí pagan mucho, sí, y eso lo gastan en los ciudadanos: grandes y cómodos salones donde la gente esperaba su turno con calma, sin apenas colas- he cogido número y a esperar. Al aparecer mi número en la pantalla he pasado ha hablar con el señor que me atenía. Le he explicado todos mis problemas, que yo no tenía ni idea de tasas, que había estado trabajando un montón para cobrar menos de la mitad, que era estudiante, extranjero y que en un par de meses me iba. Hemos estado haciendo papeleo, viendo cómo estaban las cosas y que tasas me correspondían. Al final todo aclarado, por ser estudiante y cobrar menos de 5.000 coronas al mes (unos 700€) me devolverán lo que me habían quitado en unas semanas y sólo pagaré un 8%, lo básico: “carreteras y hospitales”, según me ha dicho.

Todo en orden, entonces. Ya he respirado un poco más tranquilo. Lo de pagar impuestos está muy bien, siempre lo he pensado, pero cuando se los cobran a uno asumirlo cuesta un poco más. Países como este, con un estado de bienestar tan inmenso y extendido se basan en esto, en pagar impuestos, pero siempre de forma progresiva, a quien más gana más paga. Y en este país donde yo soy estudiante y estoy entre los que menos cobro, ahora pagaré menos. Si hubiese tenido que pagar tantos impuestos si mi contrato hubiese estado mucho mejor pagado no hubiese tenido más que resignarme, o como hacen los daneses: comprender y sentirme bien porque estoy pagando algo que de lo que luego me estoy beneficiando: carreteras, servicios sociales, ayudas a los estudiantes (cerca de 700€ al mes si uno es universitario y decide independizarse, independientemente de la renta de los padres) bibliotecas impresionantes y un sin fin de prestaciones que hacen Dinamarca un poco más grande.

Quizá con todo esto del 15M y Democracia Real Ya, como un joven dijo en una de las asambleas de Copenhague, tengamos que aprender de ellos y comprender que pagamos por el bien de todos y manifestarnos, como hacen ellos, cuando los políticos bajan los impuestos, porque el resultado de una bajada de impuestos está claro: a menos dinero en las arcas públicas menos servicios. Y el primer paso es asumirlo cada uno.

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