Hoy, mi jornada de reflexión

17 May

Tras meses de papeleos y gestiones mañana iré a votar a la embajada para las elecciones autonómicas. Hoy es, por tanto, mi jornada de reflexión. En este blog suelo compartir muchos de mis sentimientos, pensamientos y reflexiones. Hoy aprovecho también para compartir la reflexión de la jornada o la jornada de reflexión, porque el tema está para reflexionar.

El sábado leía a Stéphane Hessel, que en su libro de ¡Indignaos! pide “una insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos”.

Un manifiesto breve y recomendable que ya se empieza a considerar el germen de algunas de las movilizaciones que están teniendo lugar en Europa: “un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica”.

A cinco días de las elecciones el nivel de indignación ha subido enteros. O mejor, ha subido enteros la concienciación social de que existe indignación y que somos muchos los que vamos a luchar porque esa indignación sea resuelta y que quien tiene que dar soluciones las dé o si no se vaya.

Quizá sea un ingenuo o un utópico, pero creo en la democracia, creo en la política y creo en los ciudadanos. Creo en todos ellos y en un sistema  que les de voz a todos. Pero no creo en este sistema de relaciones que se ha creado entre los tres elementos, ni en un sistema de partidos que no canaliza ni responde plenamente al paro juvenil o al empleo precario. Hay que crear otro sistema, pero sabiendo lo que tenemos y los errores que se han cometido para llegar hasta aquí, entre ellos uno fundamental: no haber reconocido nuestra indignación mucho antes.

Yo votaré, claro que votaré. Desde mi punto de vista manifiestos como ¡Indignaos!, obras como ‘Reacciona’ o movimientos como #DemocraciaRealYa o #nolesvotes no llaman a no votar, simplemente a actuar como ciudadanos críticos y conscientes de lo que tienen entre manos.

Tengo claro que seguiré al #nolesvotes que se ha movido estos últimos meses por la red contra PPSOE y creo en las movilizaciones y el manifiesto de Democracia Real Ya. Precisamente por eso votaré.

No tendría sentido que a 5 días de las elecciones una indignación generalizada se convirtiera en desmovilización, eso lo único que haría sería complicar más las cosas: los jóvenes, quienes apenas nos sentimos representados aún lo estaríamos menos. Se trata de votar, pero de votar por opciones frescas, que están comprometidas con el cambio y con dar voz a la gente que tiene y que no se le ha podido hacer escuchar. Y movilizaciones como las del #15m del domingo tiene que continuar, porque es muy grande lo que pasó en 50 ciudades españolas y no puede acabar así como así: tiene que encauzar sus propuestas y reclamar soluciones, pero eso no se hará con abstenciones que nos alejen aún más de las instituciones, ni con voto en blanco.

Como nota práctica recordaré que el voto en blanco únicamente favorece a los grandes partidos. Tanto en apoyo político como económico. En apoyo político porque los votos en blanco pasan a formar parte del cómputo global de votos y dificulta la entrada en los parlamentos a las fuerzas minoritarias, pues les es aún más difícil cruzar las insalvables barreras electorales establecidas (del 5% en la Comunidad Valenciana) y beneficia a los grandes partidos porque al no entrar partidos minoritarios son menos partidos a repartir los escaños. Segundo, por el tema económico. Según la regulación de financiación de los partidos en España se asignan según los votos, las subvenciones que se lleva cada partido son más si entran menos partidos en el parlamento –de nuevo, menos a repartir- y el voto en blanco genera que haya más dinero a repartir –porque esos votos son contabilizados- y menos partidos entre los que repartirlo.

El voto nulo es diferente, es contabilizado, pero no entra en el número total de votos y por tanto ni beneficia ni perjudica a nadie. Esta sí que es una herramienta de protesta, pero dejadme que dude de su influencia, porque si recordamos, en las elecciones Autonómicas de 2009 al Parlamento Vasco el voto nulo alcanzó el 8,84%, debido a que los que apoyaban a ‘Democracia 3 Millones’ (D3M) pusieron en el sobre las papeletas de un partido que había sido ilegalizado y las consecuencias fueron nulas, ni políticas ni tampoco mediáticas ¿o alguien recuerda alguna consecuencia?

Por todo ello, más que quedarse en casa pasando de todo esto –si nos indigna no podemos pasar-, o votar opciones que nos ‘desrepresenten’ (voto en blanco) o no nos representen (voto nulo) yo apuesto por ir a las urnas y votar, votar a quien puede alcanzar la representación, que no sigue la dinámica del bipartidismo, y que han demostrado su capacidad de adaptarse a los nuevos tiempos y de cambiar las dinámicas de la política para que ésta sea en beneficio de los ciudadanos y no sólo de quienes se dedican a ella.

Ahora bien, eso no quita ni quitará mi indignación, ensalzada con las voces de Hessel, José Luís Sampedro o las de los decenas de miles de ciudadanos que salieron este domingo #15m a la calle. Pero intentaré que evite un mal mayor, el de que sigan los que han estado hasta ahora en sus cómodas posiciones de ‘en política todo vale’, porque eso también depende de mi voto.

Mañana iré a las urnas de la embajada con el sobre en la mano. El sentimiento de indignación, pero la razón de que si esto queremos cambiarlo lo haremos.

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