En plan pascua

27 Abr

La espera me inquietaba, era ya tarde y no habían más aviones previstos para aquella noche. Aparecieron las últimas por la puerta de salidas del aeropuerto, con caras algo largas. La compañía con que venían desde Alicante les había perdido las maletas de mano (sí, las de mano) y se habían quedado sólo con la facturada, era una mala noticia, pero al menos Núria, mi prima, y Mar, una amiga común que ahora -aunque ella diga que desde siempre- ya es también casi-prima, ya estaban aquí.

Al llegar a casa abrimos la maleta que había llegado con las ropas de abrigo y los víveres para mi buena vida en Dinamarca: jamón serrano, lomo, aceite, aceitunas, alcohol barato y el premio gordo: Arnadí, un postre de calabaza y frutos secos que cada año prepara mi padre por estas fechas. Pese a los vaivenes del viaje y una apariencia poco apetecible, sentó a mi paladar -y al de los vecinos- tan bueno como siempre, incluso ahora, tan lejos, mejor.

A la mañana siguiente, móvil en mano, nos pusimos a recorrer la ciudad. Las pobres con ropa de prestado, porque de poco servían las bufandas y jerséis en los días de sol radiante de Copenhague. Mientras íbamos visitando los palacios reales y edificios modernos de la ciudad, un servidor hacía uso de sus formas diplomáticas -para desesperación de mi prima- mientras hablaba con el aeropuerto, compañía aérea, servicio de reclamaciones, servicio consular y cualquier teléfono donde pudiesen darnos alguna información.

Por la tarde, tras una visita de reconocimiento de equipaje sin éxito al aeropuerto, una sesión de playa que terminó en una consecución de cervezas en distintos bares de la ciudad.

A la mañana siguiente, con el nuevo armario que se habían hecho Mar y Núria a base de visitas a las tiendas cercanas dejamos los líos de maletas aparcados y cogimos las bicicletas. Cada uno en la suya, y Mar en la mía: allí iba yo arrastrándola por la ciudad porque la pobre no llegaba a los pedales, como si de una marquesa se tratase. La comitiva fuimos atravesando la ciudad al tiempo que visitábamos los lagos, el barrio de Vesterbro y Frederkishavn, la fábrica Calsberg, los canales, Christiania y hasta el mejor restaurante del mundo, el Noma, que está en Copenhague!

En estos días se ha producido un inusual encuentro, que nos ha sorprendido para bien a los tres. Muy buenas conexiones que nos han hecho disfrutar de grandes días por la ciudad de la mejor forma posible: dejándonos caer por todos los parques, a tomar el sol y conversar, acompañados de cerveza fresquita, y la mochila siempre con el picknick apunto. O con las bicicletas, cantando y riendo de cualquier cosa que pasaba. O en la playa, donde fuimos a celebrar el cumple de María en un día sorprendentemente caluroso en que acabé a remojo en las aguas del norte.

Todo esto, siempre acompañado de mucho buen rollo y un acento valenciano que desembarcó en Dinamarca por la puerta grande: con sus palabras más rebuscadas, su tonalidad más abierta, su versión más auténtica. Imaginen la carcajada que nos generaba a nosotros mismos ir por Copenhague a grito pelao hablando con el valenciano más de pueblo -con todo el amor que uno le tiene al valenciano de pueblo, dicho sea de paso-. Pero esto era una simple postura, la de reírnos de nosotros mismos, porque cuando del inglés se trataba aparecía la pronunciación más americana nunca escuchada o si tocaba francés llegaban las más selectas entonaciones.

La habitación estos días a tope. Las risas que se escuchaban desde el salón, el desastre de ropas y maletas -una de las cuales apareció al par de días, de la otra aún no se sabe nada- y las paredes manchadas de maquillaje cada mañana delataban que aquí pasaba algo, algo más que una simple visita. Y es que no ha sido una simple visita, ha sido conectar mundos diferentes en una misma habitación, en una misma rutina que hemos ido inventando durante unos cuantos días, en un contexto diferente, consiguiendo crear el mejor plan de pascua posible.

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3 comentarios to “En plan pascua”

  1. sara 27 abril, 2011 a 23:31 #

    Cada vez que tienes una visita… ¡me da una envidiaaaa!

    • Mariola 28 abril, 2011 a 17:51 #

      Sara, eso tiene solución! ¿Va a acabar su estancia allí sin que nosotras le visitemos? Vamos a buscar un vuelo barato para, aunque sea, un fin de semana, no? Yo quiero ver a Vic! 🙂

  2. vicpons 28 abril, 2011 a 17:55 #

    Ambas sabéis que a mi mencantaría!
    =)

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