Cuando los días pierden su nombre

17 Abr

Cuando te despiertas un domingo con sabor a sábado. Cuando sientes que un lunes podría ser miércoles. Que los martes son viernes o los sábados jueves.

Disfrutas  cuando suena el despertador un martes sabiendo que es ya el último día de clases de la semana o cuando un jueves sales de la cama cuando ya no puedes estar mas tiempo tumbado. Uno agradece despertarse con la calma, remolonear por la cocina, ducharse para despejarse, comer porque el hambre te llama, ir a la biblioteca a leer o escribir algo del proyecto, pero sin imposiciones. Sabiendo que las cosas tienen que estar escritas, que el texto tiene que esta razonado y justificado, pero que uno lo escribe cuando quiere hacerlo.

Desde ya hace unas semanas sé en qué día estamos sólo por la edición de los periódicos, y a veces ni eso. Pero no por los horarios, ni por las clases, ni las noches de fiesta, ni las mañanas de resaca. Ni las rutinas, porque eso ahora ya no existe.

Desde ya hace unas semanas asumí que los días no están diseñados, simplemente los creamos, nos los creemos. Cuando uno sabe que un miércoles puede traer las mismas emociones que un viernes, que un sábado puede ser tan duro como un lunes o un martes tan corto como un domingo, uno deja de creer en ellas, en las imposiciones de los días.

Quizá han ayudado las pocas clases de la universidad, el buen ritmo que llevamos en el trabajo del proyecto, la intensa vida del piso, las largas horas de luz que ahora tiene el día. Quizá ha ayudado esa magnífica combinación entre  el muy poco ‘tener qué’ y el mucho ‘querer’, con esa pizca de presión cedida por la responsabilidad. Quizá ha ayudado que he dejado mi mente correr, que realmente me levanto cada día pensando ‘¡A ver que pasa hoy!’ sin querer pensar en lo que ‘tendría que’ pasar.

No sé cuanto durará esta sensación, si la podré aguantar en el futuro, o ni siquiera si existirá dentro de unas semanas. Pero comprobar que hoy es domingo dos horas después de despertarme creyendo que era sábado no tiene precio, porque ahora sé que lo que hoy pase en nada depende del nombre del día, solo del Hoy.

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2 comentarios to “Cuando los días pierden su nombre”

  1. Mariola 17 abril, 2011 a 14:46 #

    Envidia me das… Empápate bien de esa filosofía ‘erasmusiana’ y me traes un poquito de recuerdo 😉

  2. sara 21 abril, 2011 a 15:23 #

    Nene, este artículo es buenísimo.

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