Empezar haciendo una hoguera y acabar siendo de Limita capital

25 Mar

Estaba siendo una tarde productiva en la biblioteca de la universidad tras las clases de la mañana. Estaba contento porque había conseguido adelantar los textos que tenía que escribir, pero el paisaje que se veía desde las ventanas de la biblioteca me daba la sensación de estar perdiendo la tarde: un sol de esos que se ven pocas veces en Dinamarca iluminaba los campos que rodean la Universidad de Roskilde.

Eran las 17h y una repentina llamada de Karen revolucionaría la tarde y sin saberlo nos acabaría transformando tras unas largas 12 horas en ciudadanos de Lima (o Limita, como a nootros nos gusta referirnos a nuestra ciudad) en el centro de Copenhagen. Os cuento.

Karen dedica gran parte de su tiempo en Dinamarca a preparar reportajes sobre la cultura del país para “Blog Europa”, un programa del Canal 33 (sí, ese que en Valencia han censurado) que da la oportunidad a los Erasmus de mostrar en una serie de pequeños reportajes para la tele cómo es la nueva cultura que les rodea. Ahora ella anda preparando uno sobre las Comunidades Ecológicas y ayer había concertado una cita con Lars, un danés que vive en Munksogård, una de estas comunidades que para mi sorpresa se encuentra en Trekroner, justo al lado del campus. He estado viviendo allí durante 6 meses y sin saberlo.

Karen me invitó al rodaje y Guille, que andaba también por la universidad, también se apuntó a la aventura. Recogimos los trastos y nos encontramos con Karen en el lago. Tras un breve paseo encontramos a Lars labrando la tierra. La comunidad ecológica era aquellas casas por las que habíamos pasado decenas de veces sin percatarnos. Al tiempo que Karen grababa al danés hacer sus tareas, él iba contando cómo funcionaba todo aquello y cómo se organizaban los 260 vecinos de una de las tantas comunidades ecológicas que hay en Dinamarca.

Tras aquellas secuencias campestres, la directora del reportaje necesitaba grabar algunas declaraciones del ecologista, pero el viento impedía hacerlo al aire libre, por lo que Lars nos invitó a entrar en una cabaña india donde estaríamos más resguardados. Una vez dentro nos pusimos a hacer una hoguera que diera ambiente a aquél lugar, aunque las consecuencias no fueron las deseadas, pues la humedad de los troncos al arder llenó la tienda de un espeso humo. Sentados alrededor de la hoguera Lars fue contándonos cosas muy interesantes sobre aquella comunidad que no desvelaré de momento para darle más emoción al reportaje de Karen.

Allí se nos hizo de noche y a parte de la ropa apestada de humo, nos llevamos relatos geniales sobre aquellas experiencias (es lo que tienen los daneses, que cuando se abren te cuentan todo) y una invitación para acompañar a Lars algún día en una de las cenas ecológicas que organizan en comunidad.

Satisfechos con aquella tarde que nos habíamos montado pasamos por la residencia de Karen a tomar unas copas de vino y recoger algunas cosas y nos fuimos los 3 a Copenhagen. Al llegar nos encontramos a Sara, Noel e Ivan -un amigo que también vive este semestre en la residencia del campus y que tras unas cuantas noches de canalladas varias por Copenhagen (cómo a Karen le gusta decir) y esas lecciones que da midiéndose entre el silencio y la voz de la experiencia ya se ha ganado todos mis respetos- que se habían enfundado ya sus trajes de fiesta para irse al bar más popular de los jueves en Copenhagen, donde hay barra libre de cerveza por un precio aceptable.

Nosotros, los que veníamos del campo apestando a humo (o a fallas, ese olor tan particular que me lleva a la infancia) no andábamos con ganas de irnos rápidamente a beber una cerveza tras otra, así que con calma cenamos y fuimos a un bar cercano al de la barra libre.

Allí conocimos a daneses poligoneros (sí, existen), a unos chavales que me enseñaron a jugar a un extraño juego de dados, a los soldados de la marina que con sus trajes se habían ido de fiesta y a todo el que se atrevía a hacerse una foto de grupo.

Casi sin darnos cuenta, por lo fácil que fue, aparecimos en la discoteca de la barra libre, nos encontramos con los otros y aguantamos hasta darlo todo.

Al salir de la discoteca, cuando el día empezaba a clarear mientras acompañaba a la estación a Ivan y Karen – que se habían empeñado en irse a clase- decidimos hacer una parada para meter comida al cuerpo. Paradojas de la vida, pese a haber estado alabando durante media tarde lo mejor de la vida ecológica acabamos zampando hamburguesas y estrellas de mozzarela rebozadas en un McDonalds.

Mientras pedíamos conocimos a un grupo variado de Sudamérica, con chicas de Venzuela y Cuba. “¿Y de dónde son ustedes?” preguntaron al escucharnos hablar su misma lengua. “Del Perú, de Lima capital”, se apresuró a contestar Karen para la sorpresa de Ivan y mía. Allí mismo nos transformamos en gentes de “Limita” con un popurrí de acentos del sur que denotaban nuestra improvisación, mientras ellas nos seguían el rollo. Acabamos a carcajadas, con aquella felicidad de haber empezado haciendo una hoguera en un lugar insospechado y acabar siendo de Limita capital.

Y es que, por muy absurdo que parezca, son estas secuencias que quedan mal resumidas en este texto  (porque por mucho que uno lo intenta no sabe hacer sentir mejor al lector lo que se lleva por dentro en cada momento) las que hacen del Erasmus una brutal experiencia.

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Una respuesta to “Empezar haciendo una hoguera y acabar siendo de Limita capital”

  1. Pepe 29 marzo, 2011 a 19:27 #

    Limita, justo en un mes estaré con Lima.¿Necesitas algo de tu mami?. Hazme el favor de limitarte a seguir así.
    Ilimitadamente, Pepe.

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