Distintas formas de representar el adiós

20 Mar

Hace un rato leía un tweet del polifacético José María Íñigo que me ha llevado a asociar algunas ideas que llevan rondado mi cabeza desde ya hace algún tiempo. En el escueto mensaje decía: “No entiendo porqué los cementerios tienen los muros tan altos, si los que están allí no pueden salir y los de fuera no quieren entrar.”

Aunque es un proceso mental habitual, no me ha gustado nunca ver de forma trágica la muerte. Y con ello la siniestra imagen que ofrecen los cementerios. Es una duda que muchas veces ha rondado mi cabeza, por qué esa tenebrosa imagen que transmiten los cementerios. Esa horrible tradición del fundido -o teñido- en negro tras la muerte en los pueblos, aquellas flores rancias que se renuevan a finales de cada octubre -como tan antropológicamente muestra Almodovar al comienzo de ‘Volver’-, esos tristes retratos en blanco y negro que transmiten desilusión, esos cipreses altísimos que aprisionan el dolor o esas lápidas pesadas que encierran de forma permanente un cuerpo que un día fue vida.

Los cementerios siempre me han llevado a la peor perspectiva de la muerte, al trágico momento del nunca más, a la peor parte de la vida , aunque siempre he intentado valorarlo fuera de prejuicios, sólo -sin querer quitarle valor con el sólo- como lo que es: la representación de la despedida.

A los elementos mencionados anteriormente habría que sumar otro que transmite una oscura visión de la muerte, el insoportable discurso de la iglesia católica.

Los cementerios siempre me han transmitido la peor cara de la muerte, hasta que llegué a Dinamarca. Quizá sea porque los cementerios de aquí no acogen a ningún familiar mío, o quizá por esa cara un poco más agradable que muestran, frente a esos castillos del dolor que siempre he encontrado por España, o en otros países como Italia y Francia.

Quizá fue aquél día en que cerca de Roskilde, buscando un parque para comer, acabé sentado -sin darme cuenta- dentro de un cementerio, como ya conté en este blog en su momento. Pero encuentros sucesivos de distintos cementerios me han llevado a concluir que aquí la muerte se aprecia de una forma menos dura, o al menos así lo transmiten sus cementerios.

Tanto los que he encontrado en Dinamarca como los de ciudades de otros países escandinavos -Malmö (Suecia) u Oslo (Noruega)-. Esta reflexión se puede desarrollar a partir de 4 observaciones que me llevan establecer gran diferencia entre la forma de representar el adiós de el norte de Europa y la del sur.

Primero, el hecho de que los cuerpos no se entierran en nichos en las paredes sino en el propio suelo del cementerio. Aquí los cementerios no son verticales, sino horizontales. Acabando así con esa sensación de panal de muertos que transmiten los cementerios del sur europeo y con esos muros altos que bien describía Íñigo en su tweet.

Otro elemento es que los cementerios que aquí he encontrado se encuentran integrados en la ciudad, con rejas o muros bajos (como los del cementerio de Nørreport que cubre gran parte de la avenida más transitada en bici de Europa) de esta forma uno puede ir paseando por la ciudad y toparse con un cementerio casi sin darse cuenta. Así nos sucedió en Malmo, pues paseando por el centro de la ciudad cruzamos un jardín repleto de tumbas sin salir de una de las grandes avenidas.

Los cementerios de aquí se encuentran repletos de árboles y plantas (no sólo cipreses y rosas), dando una sensación de calma y sosiego cuando uno anda perdido entre grandes jardines, pasando desapercibido el resto de tumbas. Están diseñados como auténticos jardines y no como simples centros mortuorios.

El cuarto elemento a destacar es que nunca he visto aquí imágenes de los fallecidos en las sobrias lápidas. Sin querer olvidar la imagen de los muertos, simplemente buscando no representarlo en una simple foto, no recurriendo a una sola imagen, sino permitiendo a la memoria que recurra a los momentos que andan almacenados en ella.

No puedo extrapolar estas observaciones a toda una construcción diferenciada de la visión de la muerte, pues con total seguridad tanto daneses como españoles sentimos dolor ante la pérdida de un ser querido, pero sin duda la forma de representar ese adiós o de recordarlo es completamente diferente. La costumbre por socializar cualquier sentimiento en el sur de Europa está muy presente y se traduce también en los espacios en que guardamos a los que se han ido. En el norte las emociones se llevan por dentro, para lo bueno y para lo malo, probablemente con sus cementerios tampoco se consigue quitar el dolor, pero sí llevarlo de una forma diferente, menos dura, menos resentida, que invite al buen recuerdo de los que ya no están y deje de lado el dolor y a la oscuridad de la muerte que tanto nos pesa.

PS. Conectando este espinoso tema de las distintas visiones de la muerte con Japón, que ahora está en boca de todos, recomiendo “Despedidas” (Yojiro Takita, 2008), una amable película que muestra de forma clara la visión de la muerte en la sociedad nipona y su contraste con la visión occidental, hasta llegar a sorprender.

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Una respuesta to “Distintas formas de representar el adiós”

  1. Mariola 28 marzo, 2011 a 14:31 #

    Eres increíble, Vic.

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