Dinamarca: los políticos hablan, los líderes son detenidos

8 Mar

El país de la libertad, de la tolerancia, de la confianza entre las personas, la tierra de las mentes abiertas, de los espacios verdes,… de unos días a esta parte Dinamarca ha empezado a cobrar fama en el panorama internacional por otros adjetivos con los que cuesta reconocerla: represión, injusticia o sinrazón.

Viviendo en este país desde hace más de 6 meses nunca hubiese empleado esos términos para definirlo, pero a la vista de  lo que ha venido pasando estos últimos días deja pocas dudas para definir sino a su sociedad, sí a sus gobernantes.

Expliquemos desde el principio. En el país con la monarquía más longeva del mundo, sus habitantes conviven con la llamada ley de Jante, una norma social que supone que todo el que tiene un nivel por encima de la media de riqueza, fama o salud debe actuar con modestia. Sin ser presuntuoso ni hacerse notar más que el resto.

Es una especie de presión colectiva, originaria de la mentalidad de bienestar danés que entiende que la sociedad está compuesta por cada individuo, pero en la que todos los individuos son conscientes a su vez de que son parte de una sociedad a la que deben contribuir por igual. Esta norma social que tan bien define a esta sociedad fue explicada por el escritor Aksel Sandemose en su novela “Un refugiado sobre sus límites” (1933).

La máxima social ha llevado a la sociedad danesa a destacar por su nivel de igualdad, su elevado nivel democrático, la humildad de sus gentes, a que nadie haga sombra al resto,…  es una de las claves para entender el triunfo del Estado de Bienestar en los países escandinavos y sin duda uno de los elementos que hace que esta sociedad sea considerada una de las más felices del mundo.

Pero como siempre, hay excepciones: esta forma de hacer tan danesa pocas veces se ha tenido en cuenta en las relaciones internacionales de este país, donde se otorga a Dinamarca grandes capacidades como nación y siempre intenta  aprovechar todas las oportunidades para mostrar su mejor forma de hacer.

Consecuencia de ello es que en los meses previos a la Cumbre del Clima de 2009 en Copenhagen los medios de comunicación y los políticos habían construido una narrativa sobre Dinamarca como un país líder en el ámbito de la tecnología verde y sostenible. Esto era cierto, pero ponía demasiado alto el listón de una sociedad que no está acostumbrado a darse aires de grandeza.

Según me cuenta Mikkle, un compañero de clase, “por aquél entonces todo el mundo estaba convencido de que nuestra experiencia y bagaje en estos ámbitos escribiría Copenhagen y Dinamarca en los libros de historia, perpetuando la idea de que este fue el lugar y el momento en que los líderes del mundo se reunieron y el planeta fue salvado de la muerte inminente”.

Aquella Cumbre estaba llamada a ser la que sentase las bases definitivas para la lucha internacional contra un problema creciente: el cambio climático. Pero la dificultad de entablar conversaciones multilaterales, la desaparición en pleno de la voz de la Unión Europea, el fiasco de las esperanzas depositadas en el recién llegado Obama, el cúmulo de intereses convenidos o la brevedad que el presidente danés llevaba como jefe de gobierno complicaron mucho el éxito de aquella Cumbre, acabando con las grandes esperanzas depositadas por todo la población mundial en general y la danesa en particular.

Con este relato de la derrota del orgullo danés se pueden entender las claves que llevan a la situación en la que nos encontramos hoy. El fracaso de la Cumbre del Clima pronto generó en la búsqueda de los culpables de aquella decepción. ¿Y quién mejor que los que ofrecieron imágenes del fracaso a todos los medios de comunicación del mundo? ¿Qué mejor que poner de cabeza de turco a aquellos que ilustraron el fracaso de la cumbre en medio de la cena de gala ofrecida por la Reina de Dinamarca? ¿Cómo no perseguir a quienes habían puesto en evidencia el fiasco de una cumbre internacional habiéndose burlado de la blindada seguridad en que estaba envuelta la ciudad por aquellos días colándose en las dependencias reales?

“Aquella protesta agradó a los daneses, desilusionados con el fracaso de la Cumbre”, asegura Mikkle, y continúa: “en general yo diría que los daneses son muy conscientes sobre el cambio climático y al igual que muchos ciudadanos de todo el mundo –muestra de modestia, el mejor ejemplo de que se cumple la ley de jante – están impacientes ante la inacción de los gobiernos y han tomado el asunto con sus propias manos”.

“Vergüenza”, fue la respuesta de Lærke, una amiga danesa, ante la pregunta de qué había sentido ante las consecuencias de aquella cumbre. Cómo ella miles de ciudadanos se sentían defraudados con sus políticos, y el Gobierno danés –quién decide si se establece el agravante de la reina para aumentar las penas a quienes han cometido un delito ante la realeza- no podía dejar la oportunidad de intentar sacar pecho y humillar a los líderes que habían puesto en evidencia su fracaso.

“La conciencia del clima es tenida en cuenta en nuestra vida cotidiana” dice Mikkle, y parece que la mejor forma que ha encontrado el gobierno danés para quitar hierro a ese sonado fracaso es la de perseguir a quienes les dejaron en evidencia.

Desgraciadamente, todo esto será tiempo perdido, esfuerzos que emplean en castigar y no en buscar soluciones: hay que poner de relieve que esta situación hace que nos olvidemos del compromiso real, salvar al planeta de un problema que cada día hacemos más grande.

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Una respuesta to “Dinamarca: los políticos hablan, los líderes son detenidos”

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  1. Ecoaldeas « Næste station: Trekroner - 8 marzo, 2011

    […] que defienden el clima. Mi flatemate, Victor ha escrito una fabulosa entradas explicando la situacion. Casualmente, hoy he descubierto que las clases de danes no solo sirven para torturarte itnentando […]

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