El día que empecé a construir mi futuro

24 Feb

Hoy hace un año de aquella mañana de febrero en que en un salón de Sociales me adjudicaron el Erasmus, me asignaron un lugar y yo empecé a organizar mi mente en base a ese destino. Aquella noche envié un correo electrónico a dos grandes amigas y confidentes de experiencias donde expliqué lo mejor que pude cómo había sucedido todo y cómo sentía yo todo aquello.

Hoy me apetece recuperar parte de aquél texto que hasta ahora sólo había quedado entre los 3. Ahí va.

Un punto de inflexión es necesario de vez en cuando para poder ver la vida con cierta perspectiva.

No sé si un punto de inflexión o un gran revolcón se producirá en mi vida el próximo curso. Sí, han dicho sí. Me lo han dado. Sí. Próximo destino: DINAMARCA (en concreto, Roskilde, cerquita de Copenhague), a partir de septiembre seré un chico Erasmus.

En realidad, como empiezan muchas de las mejores historias, todo comenzó por casualidad. Iba por el pasillo de la universidad un jueves sin clase cuando una chica me paró y me hizo sentar en unas mesas montadas para explicar los programas de relaciones internacionales de la universidad. Yo no lo dudé, acepté el reto. Alguna vez me lo había planteado, sabía que algún día haría un Erasmus, pero no había decidido que fuese tan pronto. Entre las pocas cosas claras que tuve cuando ocupé aquella silla estaba la intención de ir a un lugar donde se hablase inglés. Con aquella condición la hoja de destinos se redujo a un puñado de ciudades, pero aun así seguían habiendo ofertas interesantes: Irlanda, Noruega, Hungría, Dinamarca y Turquía. Me lo pensaré, dije.

Con el paso de los días, lo que simplemente había sido una idea empezó a tomar peso, a darme cuenta que este tipo de experiencias eran las que necesitaba. No puedo quejarme, hasta ahora todo me ha ido genial: tengo unos padres que me quieren y que están para lo que necesito, estudio lo que he querido, no me preocupo por trabajar, soy libre, pero quizá, la falta de independencia o de un revolcón en mi vida era lo necesario para dar un poco de acción, para tener que arriesgarme un poco a saber sacarme las castañas del fuego.

Poco a poco me fui decantando, dudé con Noruega, pero lo descarté por el frío extremo, borré Turquía porque pensé que no sería el mejor lugar para estudiar inglés, abandoné Hungría no se muy bien porqué. Y al final me decidí entre Dinamarca e Irlanda, que aunque me apetecía menos por los veranos que ya había estado, me seguía atrayendo.

Hice la instancia, presenté algunos papeles para convalidar la prueba de idiomas con los cursos ya hechos e intenté dejar aparcado aquello en un rincón de mi cabeza. No quería rayarme, sabía que tenía opción pero no quería confiarme. De vez en cuando me volvía a la cabeza, pero trataba de dejarlo de lado para no organizar mi vida en base a humo.

Conforme se iba acercando la adjudicación empecé a sentir una sensación extraña, cada dos por tres el Erasmus me volvía a la cabeza y ya sólo pensaba en mi vida en un nuevo lugar. Empecé a ver el largo plazo como el mejor futuro posible, cada vez tenía más ganas, pero no quería confiarme.

Al final, hoy ha sido la reunión. Entorno a una mesa una veintena de estudiantes, y por orden de nota hemos ido eligiendo destinos. Ahora me han dado el Erasmus, y si os digo la verdad no me lo acabo de creer. Todavía no me he dado cuenta de lo que será vivir fuera durante tanto tiempo. Abandonar todo esto durante un rato largo, muy largo. Estoy emocionado. De pronto, sientes que todo va a cambiar, que la vida que te viene es de otra manera. Esta tarde, iba andando por València, desde casa de mi abuela hasta la Universidad y observaba una ciudad que pronto despediré, pero sentía que aquella despedida era lo más emocionante que podía pasar ahora.

Tengo ganas de celebrarlo, porque siento que esto era el revolcón necesario.

Y el revolcón se produjo, el del Erasmus y otros muchos. Queda partido por jugar, sí, pero ya puedo decir que desde aquella mañana en la que se adjudicaron las becas, desde aquél día en el que paseé por Valencia con un sol radiante sabiendo que empezaba la cuenta atrás, que el viaje ya había empezado, sentí que las cosas habían cambiado, ciertamente fue a partir de aquél momento cuando empecé a construir el futuro, mi futuro.

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Una respuesta to “El día que empecé a construir mi futuro”

  1. Edu.Vicent 24 febrero, 2011 a 16:15 #

    Animo con el futuro!

    Comprendo perfectamente lo que comentas… mi camino no es tan recto pero… las sensaciones son sin duda alguna las mismas y no lo dudes, las mejores historias, empiezan por casualidad, o no tanto…. ja!

    Un saludo!

    chao

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