Like children

18 Ene

Desde que estamos de vacaciones (tras el examen del miércoles pasado) no paramos ni un minuto. Para ayer por la tarde habíamos organizado una sesión de piscina.

A eso de las 3 de la tarde, tras un intento de comida light (por aquello de hacer la digestión rápido) preparada por Fede y Vera, los amigos italianos, nos hemos marchado a la piscina. Está a diez minutos de casa andando. Habíamos leído en la web que había distintas piscinas, sauna y demás, pero al llegar parecía simplemente una piscina de un polideportivo.

Y eso debía ser, una piscina de polideportivo o de club de deportes, pero parece que aquí tienen un concepto muy distinto de esto. Os explico: Una piscina circular para nadar largas distancias, de forma ovalada donde había que nadar en un único sentido para no chocar con los otros; en el medio de esta piscina otra de forma cuadrada donde se hacían cursillos, en frente una piscina muy profunda (cuando digo muy profundo hablo de, al menos, 8 metros) donde habían diversos tipos de salto: varios trampolines de un par de metros, una cama elástica, un rocódromo sobre el agua y un supertrampolin de 5 metros desde donde daba vértigo saltar; más allá otra piscina de agua caliente, que no cubría más de la cintura pero con distintos tipos de chorros de agua caliente y justo al lado un jacuzzi con agua casi hirviendo. Además una piscina exclusiva de bebés con padres.

A esto hay que sumarle la presencia de decenas de niños jugando y nadando sin desmadrar demasiado, padres al tanto y jugando con ellos, gente relajada, escaso griterío y socorristas nórdicas que, sin chillar ni llevar silbato, imponían el orden solo con la mirada a un grupo de Erasmus algo revoltosos.

imaginarnos: 7 jóvenes extranjeros flipando, tras meses sin chapotear en el agua, ante aquella maravilla de saltos, cálidas temperaturas y diversión. Y por el módico precio de 7 euros. Es de las pocas cosas baratas que se ven por aquí. Eramos “like children” (como niños, no hemos parado de repetirlo) emocionados ante todo aquello.

Al terminar, con los músculos relajadísimos, una sesión de sauna: a cocernos por un rato sobre las maderas calientes.

De esta jornada vespertina de agua, relax y natación salgo con la idea de que el Estado de Bienestar aquí no solo se exige sino que también se vive y disfruta (allí podíamos ver un montón de padres jugando con los niños, y todo tipo de juguetes y demás diversión al alcance de cualquiera).

Al salir, una espesa niebla, que junto las horas a remojo, nos hacía flotar en el ambiente.

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