La Transición

14 Ene

A la mesa del salón los 5 habitantes del nuevo piso: un plato de arroz blanco al horno con salsa de tomate y carne. Ese ha sido el plato con el que los 5 hemos celebrado que definitivamente ya estamos instalados en nuestro céntrico piso de Copenhagen.

Esta mañana he ido a entregar las llaves de mi antiguo piso del campus a la oficina de relaciones internacionales. Después hemos venido a casa desde la universidad a casa con la bicicleta a rastras (cargada en el tren por el módico precio de 12DKK) en el que ha sido el último viaje entre las dos casas, dando por terminada la larga mudanza.

Empezó el miércoles por la mañana, antes del examen, cuando recogimos la furgoneta que la universidad nos dejaba para hacer la mudanza (evidentemente sin decir que era para hacer una mudanza, pusimos la excusa de que era para un viaje por el país con los amigos Erasmus: la secretaria aceptó sin problemas y los costes de alquiler son financiados por el departamento pues cada estudiante internacional tiene unos 300 euros para gastar en alquiler de furgonetas de la universidad).

Aquella misma mañana los compañeros empezaron a transportar trastos. Al salir del examen, contentos con la nota cogimos la furgoneta unos cuantos amigos internacionales y nos fuimos a celebrarlo al piso de Coepnhagen en un viaje largo y divertido por las laberínticas calles de Copenhagen: definitivamente la gran presencia de bicicletas en esta ciudad es a consecuencia de complicar el sentido de las calles, eternizar el tiempo de los semáforos para coches e imponer carísimos costes por aparcar en cualquier calle de la ciudad.

Al día siguiente, algo resacosos de la celebración volvimos al campus donde cada uno recogió sus cosas y limpió la habitación. Uno a uno fuimos cargando la ropa, comida, toallas, sábanas, algún que otro mueble, lámparas, decoración y demás enseres. Cabe recordar que nos mudábamos a un piso perfectamente amueblado, pero eso parecía no haber quedado claro.

Tras descargar la furgoneta en casa fuimos al IKEA más próximo a comprar algunas cosas que no teníamos en el piso y vuelta a casa para arreglarse y salir de fiesta por la ciudad, ahora que tenemos todo a un paso no podíamos desaprovecharlo.

Esta mañana había que volver pronto a la universidad a devolver las llaves y la furgoneta porque habíamos quedado con el inspector, pero las sábanas se nos han pegado, tanto que no ha servido ninguno de los 3 despertadores repartidos por las habitaciones de casa y nos hemos levantado con más de una hora y media de retraso.

Al fin, todo en su sitio y con ganas de tener todo arreglado y vivir esta casa nuestra porque estos días de transición entre las dos casas han sido un no parar.

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