Espacio mío (y solo mío)

6 Ene

En unos días me mudo a Copenhagen. A mi nuevo piso, que compartiré con Sara, Noel, Guille y Constantin.

Tengo muchas ganas de irme a vivir allí, me apetece compartir la casa con ellos. Ahora también compartía el piso con otros tres estudiantes. Pero en el futuro piso habrá algo diferente. El piso tiene dos baños, cocina, salón y cuatro habitaciones. Sí, cuatro habitaciones para cinco estudiantes.

En los próximos días haremos el reparto de rotación para las habitaciones, porque a cada uno nos tocará compartir con otro la habitación durante un tiempo, pero hemos acordado que la casa sea un espacio compartido al cien por cien, es decir, nadie tendrá su espacio exclusivo, aunque siempre habrá que respetar la privacidad del otro.

Me apetece mucho irme allí, porque soy yo (y mis futuros compañeros de piso, claro) quien elijo con quien vivo, y no como hasta ahora que los vecinos de habitación venían dados. A los de aquí los echaré de menos, por supuesto. A Radka y su orden permanente en el armario de la cocina que compartíamos, a Bea, la otra española del hogar, a Kaan y sus conversaciones sobre la vida, sobre las amistades, sobre lo que hemos dejado atrás y lo que aprendemos ahora, sobre Turquía y sus cambios, y sobre casi todo de lo que se pueda hablar y su inestimable generosidad y compañía a la hora de pasar el tiempo en nuestro poco habitado salón.

Pero de esta casa recordaré algo aún más intensamente: mi habitación. Sí, mi habitación y solo mía. Este espacio físico, como comentaba ayer Sara, que ha sido el único que he tenido hasta ahora exclusivamente mío. En mi casa de València mi habitación es mía, claro, pero en cualquier memento puede presentarse mi padre a leer, mi hermana a buscar una grapadora, mi madre a por un libro o la señora de la limpieza a sacar el polvo. Pero aquí no. Aquí este espacio era estrictamente mío.

Yo era quien decidía si hacía o no la cama, si plegaba la ropa o la dejaba amontonada, si ponía los muebles de tal o cual forma, si quería estar solo o en compañía…

En unos días dejaré todo esto para irme a vivir otra parte del Erasmus, en otro piso, con mis nuevos compañeros de salón, de pasillo, de cocina, y también de habitación. Me apetece mucho, pero hoy también me apetecía escribir de este espacio mío y solo mío.

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