Volver a casa

17 Nov

Y uno vuelve a una casa que no es casa.

Salí de Trekroner sin apenas dormir, pues una fiesta imprevista en la facultad se interpuso en mis planes de dormir a pierna suelta antes de ir al aeropuerto. Al llegar a la ciudad de Berlín de buena mañana (a eso de las 9) todos andábamos medio zombis, descargamos las cosas en el albergue y logramos visitar algunos de los puntos más increíbles de nuestro destino como el Reichstag o la Puerta de Brandemburgo. Comimos uno de los platos más típicos alemanes: kebab. Tras aquél inmenso plato no pudimos resistir la larga siesta que vino a continuación.

Este viaje se puede resumir en tres actividades básicas: visitar (capitalismo, comunismo, norte, sur, Guerra Mundial, Dictaduras, Muro, libertad, revolución, Potsdam, Berlín, plazas y straßes), comer (de bocata y restaurante, turco, italiano, tailandés, indio, vegano, alemán, de barato y de no tanto) y debatir (en la calle o en el tren, de historia y de política, de sociología y de lenguas, de Planes E y misiles nucleares, de integración y de guerras, de dinero y relaciones internacionales, con información o sin ella, en base a noticias o ideas salidas de divagaciones propias, de dos en dos, de tres en tres o con incorporaciones espontáneas). Es sorprendente la cantidad de españoles que hoy en día puedes encontrar en cualquier parte, pero en Berlín más, hasta el punto de que se incorporan a tus discusiones como uno más del grupo.

De este viaje no sería nada sin el transporte público berlinés: esa red extensa que cubre todos los palmos de la ciudad y las 24 horas del día en fines de semana, pero que de pronto un martes a las 2 de la mañana te deja tirado entre oriente y occidente y te hace recorrer la ciudad embarcado en una odisea de norte a sur en cada vez más peculiar transporte y bajo una fría lluvia.

Hay un personaje especial de este viaje: Hiroko. Que con esas suaves palabras rebajaba el griterío de un grupo de 12 españoles, que nos hizo ser trilingües en muchos momentos (castellano, catalán e inglés, claro!), que se adaptó a nuestros ratos de discutir en español (ella con sus reflexiones paralelas en su mundo interior), que con toda su inocencia se acopla a cualquier plan, que nos hizo pasar tan buenos momentos ante los revisores al no haber pagado el billete (ella acojonada, la pobre), que aprendió palabras en español y nos contó (y cantó) sus dibujos japoneses favoritos (entre ellos Doraemon). Ni tampoco podemos olvidar a los amigos de amigos (y amigas de amigas, y amigas de amigos) que se han ido sumando a estos días por Berlín. A un sinfín de salidas que han ido desde un rastro de domingo a los palacios de Potsdam, pasando por el parlamento, la Bauhaus, Alexanderplaz, Under den Linden, la catedral, la Puerta de Babilonia y el altar de Zeus en el Pergamo, el kilómetro y medio de muro conservado, la hilera de adoquines que divide simbólicamente una ciudad que un día estuvo realmente dividida, check point Charlie, el bunker de Hitler o el monumento en recuerdo de las víctimas del genocidio.

Pero en este viaje había un factor importante que nunca había estado presente en todos mis viajes anteriores: hasta ahora siempre había hecho viajes desde mi casa de Valencia. Siempre era ese el punto de salida y regreso. Ahora vienes de un país diferente, de un momento distinto, y sientes que Berlín es muy barato, que los alemanes son muy sucios, porque la perspectiva es diferente.

Llego de una tarde-noche intensa de metros-aeropuertos-trenes de un país a otro. Carreras por andenes, prisas en los puntos de seguridad del aeropuerto de Berlín (hoy sitiado por sorprendentes militares armados), sprints en los pasillos de la terminal, calma cuando te sientas en la butaca del avión y sientes que vuelves a la tranquilidad de casa.

Y uno vuelve a una casa que sí es casa. Porque la casa no la sitúan sólo unas llaves, una cama y unas escaleras de mármol pegajosas… una casa la sitúan mis llaves, mi cama, mis escaleras de mármol pegajosas y, sobretodo, toda esa gente que vive aquí en Trekroner.

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3 comentarios to “Volver a casa”

  1. sara 18 noviembre, 2010 a 18:57 #

    MUY BUEN RELATO.
    CREÍA QUE TE IBAS LA PRIMERA SEMANA DE DICIEMBRE.
    QUÉ PUENTE TENÍAS AHORA?
    YO ME VOY A ANDORRA DEL 3 AL 8 DE DICIEMBRE, A QUE ESQUÍE CARLOS, CLARO, YO YA NO ME PIENSO ROMPER NADA MÁS POR EL MOMENTO A ASÍ QUE… A LEER, QUE COMO NO SE ME ROMPA LA SILLA, ES INOFENSIVO.

    VUELVES A CASA POR NAVIDAD?? ESPERO QUE NOS VEREMOS.

    EN ESTE MOMENTO TENGO, AQUÍ EN EL SOFÁ DE MI CASA, A DERECHA E IZQUIERDA, DOS HOLANDESES DEL NORTE.
    KOMITÉ EUROPA, QUE ESTE AÑO ES AQUÍ, COMO EL VUESTRO.
    SE HAN PUESTO A HABLAR EN LO SUYO Y NO PILLO NI UNA, ASÍ QUE ME HE PUESTO YO A LO MÍO.
    TODAVÍA ESPERO A DOS RUMANAS QUE LLEGARÁN DE UN MOMENTO A OTRO. HASTA EL DOMINGO.

    TQM
    SARA

  2. Mariola 18 noviembre, 2010 a 22:10 #

    PERO QUÉ GANAS TENÍA DE LEEROS… 🙂

  3. silvita010 19 noviembre, 2010 a 18:15 #

    Muy buena síntesis 🙂
    Creo que todos tuvimos la misma sensación de volver “a casa” cuando regresamos a Trekroner!

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