FCK 1 – FCB 1

2 Nov

Llegó el día marcado en rojo en el calendario. Desde aquel viernes en que se hizo el sorteo de la Champions (con aquel grito cuando nos enteramos, a través de la radio, que el Barça visitaría Copenhagen) habíamos pensado en cómo sería el encuentro que nosotros más esperábamos. Aquél en que se produciría un choque brutal entre el mejor Barça i el tímido Copenhagen. Después del partido es fácil decir que de tímido ha tenido poco.

Imposible encontrar entradas: las que vendían en Copenhagen eran para socios y las que quedaron se vendieron enseguida, de las que llegaron a Barcelona poco se sabe, pues fueron pocas y también se acabaron pronto. El padre de Marc consiguió unas cuantas a última hora y vino con su tío y una prima para seguir el encuentro en directo. Ayer hicieron una visita a la residencia y de paso, nos hicieron un arroz caldoso con verduras y carne traída desde Tortosa (con ‘baldanes’, las butifarras de la zona del Ebro) que estaba de morirse con ese día que hacía de puchero en casa calentito: gràcies!

Bueno, pues menos estos privilegiados que han podido entrar al campo de fútbol, el resto nos hemos conformado (nos hemos tenido que conformar) con seguir el encuentro desde un bar del centro: tan en el centro, tan en el centro, que en un día de fútbol como hoy la pinta de cerveza estaba ocho euros.

La sensación del partido era muy diferente a lo vivido por el sur: un bar bastante lleno calmado, con televisores por todas partes y altavoces que te dejaban oír a la perfección los comentarios de los locutores (de quienes apenas podíamos entender los nombres de los jugadores, si eso). Los primeros 20 minutos del partido fueron muy tranquilos, incluso algo aburridos, sino llega a ser por algún susto que dio el Copenhagen, pues el Barça parecía estar en otras cosas. Cada vez que Valdés tocaba la pelota los altavoces reproducían los apabullantes gritos de las gradas por la dura entrada que había hecho a un delantero del equipo local.

En el minuto 31 todo cambió y Messi metió el primer gol. Fue difícil saber que el balón había entrado pues solo se escuchaba silencio: el silencio de las gradas, el de los locutores, el de todo un bar que miraba sorprendido como nosotros celebrábamos el tanto. Un minuto duró esa felicidad, pues en el 32 el Copenhagen metió el gol de empate: la gente se revolucionó en el campo, en la tele, en el bar… allí estábamos nosotros, ahora callados ante aquel tanto.

El resto del partido sucedió sin mayor novedad que la de ver a un Barça muy tranquilo (demasiado) y a un Copenhagen que lo intentaba una vez tras otra. Parecía que los papeles se habían invertido. Creo que en esto ayudó mucho el papel de la afición, de esas gradas que animaban a un equipo que está por segunda vez en su historia en la Liga de Campeones y con muy buenos resultados. Vivieron el empate como una victoria, supongo que porque las expectativas de aquél partido eran tan bajas para ellos que lograr aquello, ante el gran Barça, fue todo un éxito. Pues muchas veces en el fútbol, como en casi todo, la realidad depende de la perspectiva desde la que mires.

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