Indignación hasta que cierre la ventana

19 Oct

Hoy me he pasado toda la tarde en la biblioteca (lo de “Toca centrarse” me lo intento tomar enserio) y en uno de esos ratos muertos en que tienes el ordenador delante y te despistas he hecho un barrido por internet: facebook, correo, periódicos digitales,… de pronto he leído una noticia que me ha llamado la atención: “Cristina Almeida deja la abogacía para ‘dar la batalla’ escribiendo”. Si soy sincero poco sé de esta (ahora) exabogada:  que en un tiempo se dedicó a la política, que ha sido un personaje bastante visible en el ámbito de la izquierda y asocio esa voz algo farragosa a hablar de feminismo, pero no more.

Leo que ahora ha decidido dedicarse (entre otros menesteres) a “denunciar el marco democrático desfigurado que ha convertido la política en el arte de la oposición -del no porque no- y no del diálogo”.

Valiente cometido, sin duda. Llega un punto en que uno se cansa. Se da cuenta de que todo eso de la democracia que hemos ido construyendo (con el esfuerzo de tantos y tantas) lo hemos estirado demasiado, nos hemos pasado de frenada hasta el punto de que ya no importa tener democracia por el hecho de que nos permite negociar, debatir, persuadir o lograr con palabras lo que de otra forma sería imposible sino simplemente importa tener el poder para alcanzar, para trepar, para imponer! Si la democracia es la voz de todos, el diálogo, el consenso, la negociación… poco nos queda: eso ha desaparecido en España (y aún más en el País Valencià). Resulta que ya no se escucha a los ciudadanos más que una vez cada cuatro años (si se les escucha, porque con la ley electoral que tenemos hay quien se queda fuera) y el resto del tiempo nos dedicamos a hacer sumas y restas de diputados para ver si tenemos más “sies” que “noes” o más “noes” que “sies”. Si a un “sí” o a un “no” es a lo de que se ha reduce el debate mejor que no sigamos.

Será difícil salir del bache si no se escucha a los ciudadanos (y si a su vez estos no protestan por las injusticias, por la corrupción, por la desvergüenza, por la propia desafección), si los políticos no salen a la calle desde dentro de sus despachos, si la oposición no tiene más programa que el “no por el no” y si el gobierno no tiene la mínima intención de escuchar al que se sienta a su lado. La política también ha de tener enfrentamientos personales entre los políticos, está claro, pero detrás debe haber algo más que un juego de sillas: un debate real. “A menos ideas, más insultos; a menor ideologización, mayor antagonismo. Estas parecen ser las máximas”, leía el otro día en un artículo de opinión. Cuánta razón.

Entonces me doy cuenta de que estoy lejos y agradeces que toda esta mierda se acabe cuando cierro la ventana de internet. Pero luego uno le da vueltas (porque la verdad es que la realidad no acaba al cerrar esto de un click, ya quisiera uno) y piensa que esta distancia no existirá siempre y cruza los dedos para que las cosas cambien…

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Una respuesta to “Indignación hasta que cierre la ventana”

  1. sara 21 octubre, 2010 a 21:15 #

    HELLO BABY.
    GOOD NIGHT DARLING!

    KISSES FOR YOU 😉

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