Volver a atrás

12 Oct

Esta mañana salía con mi padre del hotel en que nos hemos quedado en Copenhagen y al toparse con el frío de la calle ha tenido una vuelta al pasado. Me ha contado que ese fresco que se mete hasta los huesos le ha llevado treinta años atrás, cuando hacía la mili. Decía que tenía la misma sensación en las mañanas de invierno en Huesca cuando había que sacar a los mulos del cuartel. Que potente es la mente, que en apenas segundos, con solo un sentimiento tan banal como el frío te lleva a un momento tan atrás en el tiempo… ¿cómo serán nuestras neuronas para conectar dos sucesos tan separados en el tiempo y espacio en tan solo unas milésimas de segundo?

Esta noche después de cenar me he acostado porque durante estos días visitando Dinamarca con mis padres y mi hermana me he resfriado. Necesitaba meterme en mi cama -sí, ahora esta es mi cama- y relajarme. Como me dolía la garganta he pensado que lo mejor sería hacer caso a mi abuela y ponerme el pañuelo que me envió desde València metido en las maletas de mis padres. Un pañuelo de seda, pasadísimo en el tiempo, de estilo de los sesenta (blanco con rayas rojas y azules que se cruzan y forman figuras geométricas), pero que me vendría bien para curar el resfriado -espero no tener visitas mientras lleve este pañuelo en el cuello-. Al ponerme el pañuelo alrededor del cuello ha desprendido un olor que me ha llevado hasta ella, hasta mi abuela, a su casa y a esos ratos larguísimos que pasaba con ella hasta antes de venir. Las conexiones neuronales (o lo que sea) han vuelto a hacer de las suyas y en apenas unos segundos han unido dos puntos alejadísimos en el espacio.

Sensaciones similares he sentido este puente (puente en España, que aquí yo me lo he sacado de la manga) con mis padres y mi hermana. De volver a atrás. Aunque esté viviendo a 2000 kilómetros de casa, aunque hiciese nosecuantísimas semanas que no nos veíamos, aunque esto no eran exactamente vacaciones para mí porque ahora vivo en el lugar que he estado visitando, todo eso daba igual, porque las horas que hemos estado juntos, discutiendo y riendo (siempre a la par) han sido como siempre, como las de antes. Y a veces, todas esas cosas, volver a atrás por unos segundos, se agradecen.

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