Roskilde

5 Sep

Un poco aburrido después de haber pasado todo el día de ayer por Trekroner (entre mi piso y la otra residencia, la noche no fue nada especial) hoy me he levantado con ganas de hacer cosas. Tenía pendiente un viaje a Roskilde a ver la zona del puerto y el fiordo, así que no me lo he pensado demasiado y he cargado la mochila con un sweater (a pesar del sol, en la calle no hace más de 15ºC), un mapa y la cámara de fotos (se nota que era la primera excursión: olvidé el agua!).

Al salir del campus me he adentrado en un gran parque que conecta con la ciudad. A pesar de que use el término ciudad que nadie imagine edificios altos, ni casas apelotonadas: más bien lo contrario. Calles con múltiples carriles (para peatones, bicicletas y coches en ambos sentidos, lo cual me ha convertido en un transeúnte confuso), repletas de árboles, con casas uniformes de dos plantas y jardín delante, espacios verdes cada 200 metros,… Para mi sorpresa, a la entrada del pueblo he encontrado un prado con cabras y terneros.

Tras pedalear algo más he encontrado el fiordo (olor de mar inconfundible). A decir verdad, creo que es el primero que he visto en mi vida: un golfo extraño que se adentra en la tierra, bordeado por montañas y prados. El de Roskilde no es que sea muy abrupto, pero es una sensación extraña eso de encontrar hierba hasta la orilla del mar. Allí cerca he aparcado la bici un rato y he divisado todo aquello. Después me he acercado al puerto, lleno de visitantes (Roskilde, además de por su catedral donde está enterrada toda la realeza del país, es nacionalmente conocida porque aquí había un asentamiento vikingo y conservan muchos de aquellos barcos: evidentemente eso tiene un tirón turístico importante). El puerto es pequeño y tranquilo.

Más tarde me he acercado al centro de la ciudad (con muchas tiendas abiertas) y me a dado la sensación de volver a lo mío porque esa zona ya me la conocía y cuando estás fuera de casa encontrarte con algo que ya conoces da tranquilidad. Las calles estaban repletas de niños, y es que según me he podido enterar hoy era el día del mercadillo infantil y cada chaval acudía con los juguetes que no quería y los ponía en su mesa a la venta: genial idea para el reusado de juguetes. He comprado en el Netto (el super más barato de todos) un par de cosas que necesitaba y luego he ido a un puestecillo ambulante a por una coca cola y he acabado comprándome un bocata con una pinta estupenda. Era un pan con queso recién hecho dentro del cual una camarera te iba poniendo todo lo que le pedías: yo, como no sabía muy bien cómo iba el tema, me lo he hecho igual que la mujer de mi lado: pollo, lechuga, tomate, cebolla, pepino y un par de salsas bastante buenas. He pensado que me lo comería a la vuelta cuando encontrase alguna zona verde, y así lo he hecho ante el primer parque que he visto. Para mi sorpresa, al salir me he dado cuenta que había estado comiendo en un cementerio: ¡hay que ver lo bien arreglados que los tienen!

He llegado a casa y he encendido el ordenador, importante noticia al tanto: “Alto el fuego de ETA”, esperanzadora noticia, pero veremos en que queda. Quizá, no debamos lanzar las campanas al vuelo como la vez anterior (todo y que aquél era el abandono definitivo), ahora toca trabajar para que este sea el final esperado por todos. Veremos.

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